En gran medida, la experiencia espiritual de ser Adventista del Séptimo día, se ven enriquecida por pertenecer al Club de Conquistadores, al menos en mi vida así lo he vivido.
La cantidad de cosas positivas que el club puede aportar a tu crecimiento personal, físico y espiritual puede que no tenga medida exacta. Puede desarrollar tus capacidades de relacionarte con los demás, de trabajar en equipo, aumenta tus conocimientos sobre temas importantes, te ayuda a ser empático y sensible a las necesidades de los demás, te desarrolla como líder, como misionero, como hermano de la iglesia, te capacita para ser de ayuda en una emergencia y también te orienta en el manejo de grupos, te hace mejor ciudadano y te hace útil a tu comunidad. La experiencia de estar en el club se podría resumir en que te potencia en todo.
Ahora, una cosa es estar en el club y otra es, estar en Betábara. Ser Betábara te aporta todo lo que dije anteriormente, pero aparte de eso, te sentís parte de algo. Al menos en mi manera de verlo, en Betábara todo, es MÁS; el director trabaja más, es más entregado, el club te enseña más, te capacitan más, se esfuerzan más, te apoya más, tenes más familia.
Tener experiencias en el club desde temprana edad te hace sentir que perteneces. Cada director que ha pasado te enseña de diferentes maneras que todo lo que hagas debe estar bien hecho, que debes correr la milla extra, que tu desempeño debe ser excelente porque todas tus acciones glorifican a Dios. Ver a los líderes dar todo, inspira a los menores a la excelencia en todo lo que hacen. El trabajo activo durante todo el año se ve recompensado al final con una investidura que no falla. La entrega de todos los dones y talentos, tiempo, prácticas y horas de sueño para un campamento nunca han regresado vacías de acuerdo al esfuerzo y entrega que cada uno haya hecho. La satisfacción que generan los logros alcanzados son una buena motivación para hacer las cosas bien y una buena guía para los pequeños. Pasan y seguirán pasando muchas generaciones y todos entenderán que Betábara es un club distinto.
Nadie que haya pasado por Betábara puede decir que no lo ha marcado para la vida, algo positivo le ha dejado, algo ha aprendido. Te inculcan el amor a Dios, te instruyen en vivir el mensaje y el amor al club de una manera que, difícilmente se olvida, por eso siempre se dice: una vez Betábara, Betábara para siempre.
Creo que el club ha permanecido fiel a sus ideales, ha hecho y seguirá haciendo de sus miembros, fieles siervos de Dios y amigos de la humanidad que usan todos sus dones y talentos para alcanzar a su generación.











































